Dicen que la vida te cambia cuando tienes un bebé, pero es impresionante comprobar como cambia todo desde el minuto cero. Cambia tu vida, tu mundo, tu percepción de las cosas, tu relación con la pareja, tu relación contigo misma... y todo desde el mismo momento en el que te ponen a esa personita sobre tu pecho... en el mismo instante en el que sabes que jamás te separarán de ella porque es parte de ti y tu parte de ella.
Hace dos semanas que Nora decidió que era hora de salir. Nació el 25 de junio de 2012, con los ojos abiertos y la manita en la carita, como saludando al mundo. El parto fue bastante bestial, finalmente todo muy natural (ya que la epidural solo hizo efecto una hora) y después de dos días de dolores. Pero la recompensa fue que a base de brutales empujones, y sin dilatar lo suficiente, la mami colocó a la niña, dilató y ayudó a salir a Nora tan bien que la peque no sufrió nada. De echo nació con muy buen color y nada hinchadita, y la matrona nos felicitó por el buen trabajo. Aquí el mérito me lo quito, porque yo sólo sentí que mi cuerpo me poseía y dejé que mi cuerpo se encargara. Lo que digo, bestial.
Desde el momento que sentí su calor me sentí aliviada. El dolor no se olvidó y esa imagen utópica de ese momento mágico tampoco la viví. Estaba más cansada y trastornada que otra cosa. Pero desde ese mismo instante supe que cuidaría de ella toda la vida y me sentí verdaderamente feliz. Los siguientes días en el hospital fueron estupendos, con todos los cuidados que se puedan necesitar y simplemente pasando las horas mirándola sobre mi regazo.
Cuando llegamos a casa todo era igual y todo era distinto. Yo me sentía extrañamente triste, con ganas de llorar y echando de menos mi barriguita y a mi matrón. Luego supe por mi matrona que eso era totalmente normal, y efecto de la tensión, el cansancio y el bajón de hormonas. De estas sensaciones se habla poco, todos hablan de lo maravilloso que es tener a tu bebé, por eso encima de triste me sentía culpable. Había deseado con tanta fuerza a mi bebé, tenerlo con nosotros, que no entendía esos sentimientos. Pues bien, futuras mamis... aviso que es algo totalmente normal (posteriormente supe que le había ocurrido a todas mis amigas mamis), que se necesita llorar, desahogarse, dejar que el cuerpo vuelva a su ser, y que en unos cuantos días se pasa. Esos días se necesitan para pasar de ser tres personas a ser una familia.
Nuestra pequeña Nora es un ángel. En estos 15 días de vida apenas la hemos escuchado llorar, duerme por la noche sus 3-4 horas seguidas y su vida es mamar, dormir, hacer caca y los mimos de papá y mamá. De eso si hay mucho.
Somos felices y podemos decir que somos una pequeña familia en nuestra pequeña burbuja. Me da penita que pase el tiempo tan rápido. A veces me gustaría parar el tiempo, pero quizás lo que está por llegar todavía sea más emocionante y siga llenando nuestras vidas.
Gracias por formar parte de nuestra burbujita :)
Gracias por formar parte de nuestra burbujita :)





